Mi abuelo


Se pueden decir miles de cosas de mi abuelo.  Era famoso por su afición a retar a todos a cervezas, o por su gran labor como profesor, logrando el aprecio de sus alumnos, a pesar de su fama de duro.

Pero aquí me gustaría contaros cómo era mi abuelo. Mi abuelito.

Foto de mi abuelo, hecha por mi padre.

Tengo grandes recuerdos de él. Imágenes que me inspiran calidez, alegría, cariño y nostalgia.

Le recuerdo en verano, echándose la siesta en el porche de delante, en su casa en la Sierra, mientras los grillos cantaban. O cultivando su huerto (menudos tomates!), podando los frutales, o mimando sus preciosos rosales y sus espectaculares hortensias.

Estoy segura de que, ahí donde se encuentre ahora, estará cuidando de su jardín, y seguramente protestando cada vez que alguien se despiste y le pise el césped recién plantado (me llevé más de una regañina por culpa de alguno de mis perros y ese césped...)

Le recuerdo también en la piscina, tomando la sombra y el delicioso aperitivo que nunca faltaba. Y encantado cada vez que alguien decía lo buenos que estaban los melocotones de la piscina (menudo árbol... me encantaba treparlo una y otra vez).


¿Sabéis? Mi abuelo era amigo de todos los animales. Era amigo de las ranas de la depuradora, de las lagartijas, de las avispas (que nunca le picaron, mientras que al resto nos acribillaron durante años) y de las arañas patilargas. Me encantaba ir presumiendo de ello y, gracias a él, ya no me daban tanto miedo.

Mi abuelo tenía un apodo especial para cada nieto (y somos 12!), éramos Pimienta, General... o, mi preferido, Princesa Margarita (evidentemente, el mío). Siempre nos hacía sentir especiales.

Recuerdos también del invierno, frente a la chimenea, fumando de una de sus múltiples pipas. Cada vez que huelo a tabaco de pipa me acuerdo de él, y de mi padre. Me encanta. 

En nochebuena nos animaba, junto con mi abuela, a llamar cada vez más alto a Papá Noel que, por cierto, era un gran amigo suyo, para que nos trajese los regalos... "¿No oís los cascabeles de los renos?"... ¡y Papá Noel siempre aparecía con un saco lleno de regalos para todos los nietos!!!

Entre sus amigos, que como podéis leer eran muchos, estaba también el Conejo de Pascua, o "Conejito Blas". Todos los años por Pascua, se llenaba su jardín de cestas escondidas de huevos, que todos los nietos buscábamos entusiasmados! Y eso que eran huevos de verdad, nada de esas moderneces del chocolate!

Su presencia siempre era reconfortante, cálida, amable, silenciosa y paciente. Gracias a él tuve una infancia completamente feliz, llena de alegrías e ilusiones. Le voy a echar de menos.

Gracias abuelo, por hacerme tan feliz. Gracias por ser Papá Noel.

Te quiero.

(Mi abuelo falleció el 23 de mayo de este año, y llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre él.)
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